| Desde mi coherencia y mi consecuencia… |
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| Escrito por Juan Manuel Fdez. del Torco [Presidente de Cican] | |
| martes, 11 de diciembre de 2007 | |
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Reflexiones sobre mi abandono del CCN Llevo ya algún tiempo en política, quizá el suficiente como para que un joven de Canarias, naciera, creciera en este mundo de vértigo y cambios constantes que le ha tocado vivir como miembro de una generación en permanente mudanza…, y como para que conformara su propio proyecto vital acercándose de una manera siempre insuficientemente satisfactoria (probablemente con la resignación del “mileurista”) a las fuentes de la felicidad de todos, que para mí, es el único “manantial” desde donde cada uno puede construir la suya propia. Por lo tanto me “arrogo” con la perspectiva del que “no teme ni debe”, con la experiencia de quien ha aprendido del pasado, que vivió la premura del presente (la cita electoral que hemos afrontado recientemente), y no tiene edad para perder el tiempo que le queda, en conjugar su credibilidad política en formas de “futuro imperfecto” y sin estación de término en el mapa. No podemos ni debemos renunciar al futuro de nuestra tierra. Siempre he intentado remover y oponerme a los obstáculos sustantivos que impiden el acceso a la felicidad de todos, porque no puede haber otro objetivo más placentero, que sentirme un honorable miembro de esta nuestra especie humana, que se define en la esencia de los individuos que la forman, como seres sociales. Yen esas he estado y me he ocupado durante toda mi vida política.., que la historia no sea algo que sufrimos las personas y los pueblos como algo inevitable que nos toca asumir con resignación.., ¡no!, que nuestra realidad (Tenerife, Canarias…) donde nos reflejamos, donde nos adaptamos y llegamos a considerarla como una prolongación de nuestros sueños, de nuestra piel.., no tenemos porqué sufrirla con el conformismo de los que se dicen excesivamente realistas o pragmáticos, porque la construcción de la dignidad humana no se ha acabado con el vigente modelo económico de desarrollo, ni con el actual e insatisfactorio acceso a los bienes materiales; porque los veteranos ideales que desde siempre y de muchas y diversas maneras, desde diferentes perspectivas se han agrupado alrededor de la idea del “Bien”, no han sido todavía convenientemente aplicados e instaurados entre nosotros. Está claro que mi trayectoria personal, implica que mi concepción del “aparcamiento” más cercano de esa idea del “Bien común”, es el centrismo político, donde el “proyecto” permanente, renovado, ilusionante de la búsqueda del equilibrio y la armonía (justicia) social, debe constituir un paraguas integrador y amparador del que nadie debe sentirse su profeta, su interpretador, su administrador único… Lo anterior es imposible por la propia naturaleza de la posición… Convendremos que el centrismo que añora el PSOE, no es el centrismo que instrumentaliza el PP. Los pequeños retales con los que se disfraza de tal CC, no son ni por asomo, ni el 90% del vestido con el que afronta el “temporal del futuro” Nueva Canarias. Sí, soy un centrista, que algún pariente, ha descrito como “de raza”, argumentando para ello.., que yo nunca me he apartado de esa denominación, que nunca he desertado de esas posiciones. Que junto a algunas otras dignas personas, de una encarnadura política muy especial, hemos afrontado las más deshidratantes travesías de desiertos mediáticos interminables… Más de una vez, nuestro inconformismo nos ha mandado al ostracismo, al destierro..., y sin embargo, cuando desde la realidad (recordemos que la política es la ciencia de “lo posible”) alguien ha enarbolado la bandera de nuestros anhelos, hemos respondido, pero no a la habilidad del “abanderado” mientras balancea el pendón, a su carisma, o al “poder de su brazo”, sino a la verdad incuestionable que ondea sobre su cabeza. Parece que esa arenga de sensatez y equilibrio es moneda suficiente para las motivaciones de los servidores del Progresismo Reformista, como somos los centristas de raza, a los que no nos hace falta el “tintineo” de ninguna bolsa… Dejemos la metáfora e instalémonos de una manera directa en nuestra realidad. Abandono el CCN, porque no estoy dispuesto a seguir indefinidamente a quién, a pesar de la gran autopromoción con la que se ha provisto, no ha sido capaz de convencer a nuestra gente de la conveniencia de nuestras soluciones, de las que se ha apropiado narcisistamente de una manera inadecuada, equivocada.., y que inmediatamente después de su frustración personal en las postrimerías de la pasada contienda electoral, mientras muchos centristas, que por lo visto no aspirabamos a lo mismo que nuestro “abanderado” y que nos sentíamos felices porque parte de nuestro trabajo había cosechado el resultado buscado.., observamos estupefactos una inacción, una astenia preocupante, en algunos de sus pretorianos ¡cercana a la depresión!.., y lo que se enunció como ¡un fracaso!.., sí, un fracaso de quien se había convertido en centrista para sentarse en el Parlamento Canario, no para construir una organización política, ¡que precisamente! donde había sido menos provista en lo material, había cosechado los mejores resultados en lo popular (cuantifíquense y compárense los sufragios municipales insulares, con los obtenidos al Cabildo y al Parlamento, en Tenerife), puso su cargo a disposición de una militancia que todavía no comprendía, desconcertada (sobre todo los esforzados concejales electos), sus intenciones y animaciones. La deriva de la actual cúpula del CCN, no responde a inquietudes ni despierta ilusiones en aquellos que desgastamos las suelas de nuestros zapatos y las ruedas de nuestros vehículos convenciendo a los votantes que nos honraron con su confianza. La verticalización a la “búlgara”, imponiendo personas “testaférricas”, que con mis respetos hacia ellas, lo son en la medida que no están respaldadas desde el seno de la militancia en, las hasta ahora ignoradas, agrupaciones locales, y con quiénes se está intentando montar un espantapájaros organizativo de incondicionales adeptos, acríticos y complacientes. No son estas maneras las que conjugan con mis actitudes, mis compromisos y mi concepción de la coherencia y la consecuencia política. En cualquier caso, ¡lo repito!, como Juan Soldado.., “ni he temido ni he debido”, ¡hasta ahora!, por tanto con esta decisión, quiero continuar ¡sin temer ni deber!… |
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